Paz Aymerich expone en Stoa

Es la tercera exposición individual de Paz Aymerich en STOA. Esta madrileña trabaja con la galería desde la exposición inaugural en el año 2006.

Paz vive y siente la ciudad profundamente. Pintora de paisajes urbanos que cautivan desde el primer instante, y que consiguen transportarnos a una nueva dimensión de ciudad. Desde las primeras obras, prima la visión subjetiva en la que Paz muestra una ciudad amable, lírica, ideal. Una visión que ha evolucionado, pues la mirada de la autora se ha tornado más profunda, menos serena, más reivindicativa. La madurez personal ha dado paso a la madurez pictórica en la que, sin abandonar el género, aborda el problema de la masificación urbana, la desaparición de los edificios de escala humana engullidos por enormes rascacielos que dominan el nuevo horizonte metropolitano. 

En las obras de esta muestra, todas de  gran formato, descubrimos formas y siluetas urbanas en las que apenas habíamos reparado, o que habíamos apreciado con un sentido más banal. Formas urbanas casi antropomórficas, que dialogan con la autora y descubren su soledad. Pequeños edificios como “Estoy aquí 1” paradigma de esa atroz apisonadora inmobiliaria que amenaza a esas edificaciones que se convierten en los últimos atisbos de resistencia ciudadana. Una melancólica percepción de la irremisible pérdida de los buenos usos y costumbres vecinales en los que existía un vínculo de pertenencia al barrio, un sentido de identidad comunitaria que desaparece y que muestra magníficamente la obra “Fuera de escala”, un perfil urbano en el que se erigen como ganadores absolutos los esqueletos urbanos que cimbrean con desdén sus estilizadas figuras, sobre un amasijo de edificaciones despersonalizadas, informes, anónimas, desdibujadas, como presagiando el certero y cruento final.  

Pero en esta narración hay un soplo de esperanza: los depósitos de agua de las cubiertas de los viejos edificios neoyorkinos. Estos elementos urbanos han conseguido protección y visibilidad en una guerra aparentemente perdida. Su revalorización los ha convertido en uno de los más populares iconos de la Gran Manzana. Son cuatro obras en las que se yerguen como esfinges, cargadas de sabiduría y misterio, prestas para descubrir todo un pasado del que han sido testigos privilegiados.